viernes, 22 de noviembre de 2013
Impresiones de Barcelona
5/11/2013
El color me envuelve la espalda y las narices, la piedra me enfría los ánimos y respiro como dentro de una bóveda de árboles quebrados. Hay calles pequeñas que se pierden a lo lejos, en la noche, entre copas e idiomas fantásticos, mientras durante el día la luz lo baña todo y esta quietud sospechosa puede ser también conmovedora. Hay un mundo ajeno desplegándose ante mí, belleza inalcanzable como un espejismo y a la vez los montes, y a la vez la playa, todo tan similar, todo podría ser tan mío pero sé que no, es de la multitud que articula lenguas múltiples como en un rompecabezas. Hay pasajes que comprendo de repente, la ciudad se me revela de a trozos y la voy tomando así, fragmentos sueltos que se adhieren a mis pies. Una cueva de piedra, el lecho marino más allá de la playa, y por delante y por detrás los bosques, bosques de madera y bosques de cemento, y bosques de personas azotadas por un viento tardío que todavía no quiere anunciar el invierno. Me poso en la ciudad como un monumento, como la carne sobre un plato del almuerzo, y escucho los taladros guillotinar el aire como chicharras de un verano ficticio. La luz borda su camino a través de los cristales y entrecierro los ojos un poco, me despego las lagañas de un trabajoso despertar.
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