Una vuelta más a la rueda metálica de la vida.
Un ronquido más.
Sumergirme a la necedad de la corriente, chapucear, burbujear, y luego salir a la superficie brillante y perfumado.
Un guiño eléctrico que me carcome las encías.
Un suspiro fértil, acalambrado, que distingue luz de oscuridad y congoja de angustia.Un trino nuevo.
Un avestruz.
Y la impía manera de perderte entre las sombras, de jugar a la escondida con tu recuerdo aguachento y pálido.
¡Ding, dong!
Ya son las seis. Tres veces tres.
Y las alpargatas durmiendo en el estante, y la lapicera mordiéndome la boca.
Adiós, o hasta la vista.
Una ola más, rústica y dentada, carcomiendo el hastío acaramelado del mar.
Y tu barco a lo lejos.
Adiós.
O hasta la vista.