lunes, 21 de marzo de 2011

Escupiendo baladas al mar












     Una vuelta más a la rueda metálica de la vida.
     Un ronquido más.
     Sumergirme a la necedad de la corriente, chapucear, burbujear, y luego salir a la superficie brillante y perfumado.
     Un guiño eléctrico que me carcome las encías.
     Un suspiro fértil, acalambrado, que distingue luz de oscuridad y congoja de angustia.
     Un trino nuevo.
     Un avestruz.
     Y la impía manera de perderte entre las sombras, de jugar a la escondida con tu recuerdo aguachento y pálido.
     ¡Ding, dong!
     Ya son las seis. Tres veces tres.
     Y las alpargatas durmiendo en el estante, y la lapicera mordiéndome la boca.
     Adiós, o hasta la vista.
     Una ola más, rústica y dentada, carcomiendo el hastío acaramelado del mar.
     Y tu barco a lo lejos.
     Adiós.
     O hasta la vista.

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