sábado, 19 de febrero de 2011

Transfiguración



















     El mar se tiende como una sábana a mis pies.
     Ahora lo veo y es plano.
     El mar se espesa como un vidrio y recita antiguas elegías de piedra.
     El mar es un plato de fideos humeantes.
     El mar se me escapa tras la siesta.
     El mar me susurra noches, me despierta vendimias, me estremece cuentos de fiestas antiguas.
     El mar me pincha los ojos con su grito azul.
     El mar me alienta a fenecer, a supurar, a ebullir, el mar es hombre y bestia muda de gestos foráneos.
     Soy el mar cuando me atrevo a esculpir mis miserias desnudas en la arena.
     Sólo entonces soy el mar.
     Y una gaviota es mi apasionado deseo que emigra lejos de la costa.
     Y un caracol mis silencios.
     Y una negra turbina mis miedos.
     Y yo el mar.
     Inconmensurable y eterno.

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